Del miedo al agradecimiento

Querido diario:

 

¡Ayer dormí súper mal! Sé que mi mal dormir estuvo relacionado al proceso que viví en el taller “Proyecto de vida”. Imagínate, hablamos del miedo y del sabotaje, una combinación peligrosa. Tuve que entrar a mi subconsciente para encontrar respuestas, pero llegué a conclusiones que me ayudarán a conseguir los cambios que necesito.

 

Cuando me senté a escribir en tus páginas, mi intención era desarrollar todo el proceso que experimenté para llegar ahí. Pero recibí una llamada muy especial, que hizo que reformulara el tópico. ¡Me rebosa el corazón de agradecimiento!

 

Sí, ha sido un proceso largo y agotador. Y sé querido diario, que al igual que yo muchas personas se han encontrado en situaciones de mucha carga emocional. En mi caso, estoy concebida para vivir bajo presión. Soy de las personas que se atribuye el cuidado de los demás y que entiende que su papel es sacrificarse por los otros.

 

Te digo esto, no para que me veas como “la pobre Lorenna”, sino para que comprendas que cuando menciono carga pesada, es porque es verdaderamente pesada.

 

El punto es que hoy Dios nos regala siempre un respiro. Como muchos que están en posiciones dolorosas o incómodas, sentía que eso no llegaría nunca. Pero el Señor no falla, somos nosotros los que dejamos de pedir o creer por nuestra Fe de mecha corta.

 

Hoy lo confirmo. Como también confirmo que cada proceso ocurre con un propósito, que solo tenemos que estar atentos a aprender las grandes lecciones. Soy el resultado de todo lo vivido.

 

Además, hoy recuerdo que hay muchas razones para estar agradecida. Lamentablemente, cuando estamos en medio del caos vemos poca luz. Es muy injusto estar molestos con el mundo porque no tenemos las finanzas en estado optimo, o la casa que queremos, o la comida que apetecemos, o e trabajo que soñamos, o la famita perfecta, o el cuerpo tipo infarto, etc.

 

Es verdad, podemos fijar nuestra vista en esos vacíos. Lo que desde ahora les garantizo a esas personas es que no serán felices, porque mirarán lo que les falta y no lo que les sobra.

 

¿Qué como puedo asegurarlo? Porque yo soy una de ellas. La mayor parte del tiempo logro ver el “vaso medio lleno” en vez del “vaso medio vacío”. Pero tengo mis momentos donde el descontento se apodera de mí por lo que no he logrado o por lo que me falta.

 

Me arropa un sentimiento de frustración que no puedo controlar. Hasta que pasan cosas como la que me acaba de ocurrir, regresándome a la realidad. Porque tengo mucho, más de lo que pueda merecer. Solo tengo que ver la vida con ojos de agradecimiento e inmediatamente son reveladas a mi esas bendiciones.

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