Sentimientos encontrados

Estos días han sido agridulces. He experimentado desde, felicidad extrema, nostalgia, sorpresa, nervios, gratitud, hasta tristeza.

 

Uno de los episodios responsables de vivir todas estas emociones fue la competencia de crossfit “Wod at the Beach” en su versión 2017. Comienzo diciéndote que el año pasado le pedí a Jacinto que “no me dejes volver; sentía me moría mientras hacia la rutina”. Pero mi amiga Jennifer, ya cerca de la fecha me pidió aceptara el reto para estar junto a ella en la categoría de ‘Team Escalado Femenino’, y como no tenia tan fresco el sufrimiento, acepté. Y mi novio, como buen compañero de vida aceptó apoyarme una vez más.

 

Para no cansarte el cuento diario, ganamos primer lugar en esta división. ¡Ya sabes como estábamos! Pasamos a ser las campeonas de Inshape Crossfit (si si, nos tratan con distinción y todo). Claro, como puse en las redes sociales, aprendí muchísimo.

 

Entre las moralejas conquistadas, está el saber que tenemos la capacidad de lograr nuestras metas. Está el comprender la importancia de la disciplina y la constancia. Además, de que pude confirmar que es necesario disfrutar el camino a recorrer porque ahí es cuando ocurren las verdaderas transformaciones.

 

Aún más importante es recordar que lo que cuenta es las personas con quienes podemos compartir esos momentos. Yo me considero alguien con mucha suerte en esa área, no solo porque estoy rodeada de gente maravillosa, también porque se apreciarlo. No todos tenemos la capacidad de apreciar lo dichoso que es.

 

¿Te dije que había que disfrutar el camino? Pues ahí es donde vienen los sentimientos agrios. Recibí la noticia de que alguien que apreciaba no está más con nosotros. Llegó a mi mente esa última conversación y como no paraba de hablar. Recuerdo que repetía: ya, los dejo tranquilos, que se les va a derretir el helado.

 

Disfruté esa casualidad, aunque si hubiese sabido como terminaría todo, hubiese tratado de darle más energía y ganas. La realidad es que la vida pasa muy rápido y si no estamos atentos a los detalles, ni cuenta nos damos que hemos vivido.

 

Nos hace falta entregarnos, conectar corazones, oír los lamentos, contagiar los buenos deseos, amar apasionadamente, agradecer las pequeñas cosas, sonreír porque sí. Soltar el trabajo y dedicar calidad de tiempo. Nos quedamos cortos en nuestro esfuerzo de ser felices, de simplemente ser.

 

Sí, en la competencia tuve momentos donde quise tirar la toalla. Todos los elementos externos ayudaban a que la mente se agotara. Pero me permití vivir ese ahora, saborearlo. Más allá de encerrarme en mi mundo por estar enfocada en ser ganadora, me concentré en ese contacto con todos los que pude abordar.

 

Hubiese querido asimilar eso antes de tener esa conversación en la heladería; aunque sé que el tiempo de Dios es perfecto. Espero poder lograr siempre, o por lo menos cas siempre, que ningún momento se repite. Por eso vale la pena estar presente, totalmente presente.

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