Tengo un sueño o lo tendré.

¿Que cuál es mi sueño? Sé que los niños, cuando le haces esa pregunta responden rápidamente. Seguro yo era como todos los niños, que estaba muy clara de quién y que quería ser. ¿Ahora? ¡El juidero! Sí, así mismo. Estoy confundida, bastante.

 

Y me atrevo a escribirlo porque sé que muchos que están leyendo tus páginas querido diario, están igual que yo. Por alguna razón no se nos permite decir “no sé” después de cierta edad. Desconocerlo es estar perdido. Estar perdido es no saber a dónde vas. No saber a dónde vas significa que estás muy lejos de ser exitoso.

 

Antes de entrar en este proceso de manera consciente, me sentía estancada y hasta un poco fracasada porque no tenía esas respuestas. Pero por fin comprendí que aceptarlo conlleva mucho valor, es decirte a ti y al mundo: estoy perdida. Al mismo tiempo estás iniciando un proceso liberador: encontrarte. Ya me siento fuerte.

 

A esto súmale que muchos andan por ahí sin ni siquiera hacerse las preguntas claves. ¡Por lo menos estoy experimentando las fases! Yo, y muchos otros que quieren vivir plenamente, respondiéndose las preguntas de quiénes son, a dónde van y con quienes.

 

Porque podría fácilmente quedarme complaciendo al mundo o llenando los espacios con lo que “se supone sigue”. Comenzar desde cero cuesta más que dejarse llevar por la corriente. La cuestión del millón es: ¿eres feliz? Si la respuesta es no, estamos en la misma página.

 

Así que, acepto enfrentar mis miedos y romper mis paredes, todo por llegar a la conclusión de cuál es mi sueño. Cada quién tiene el suyo, en la superficie del corazón o muy escondido, pero lo tiene.

 

Ese que hace que tu niño interior disfrute tanto que las horas le pasan volando. Ese que te cuesta muchísimo sudor y aún así encuentras razones para seguir construyéndolo. Ese que conecta con el don que el Señor te dio.

Y que cuando puedes verlo y hacerlo posible, lanzas una carcajada al aire que se oye en toda la cuadra.

 

¿Qué como sé que se siente? Porque un día supe. Y porque el solo hecho de saber que puedo conectar con él nuevamente, me hace suspirar. Así que, aquí vamos. ¿Te lanzas conmigo, querido diario?

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