Cuando el cambio choca con el miedo

Querido diario:

“Es que estoy en proceso de cambio y eso, aunque me asusta, me gusta”, fue como mi amiga describió lo que le pasaba. Me acordó tanto a mi. Como todos, me encanta estar dentro de mi zona de confort. Pero eso no significa que dentro de mi no haya un sueño o que no me empuje a ir detrás de esas cosas o personas que me suman paz.

Tú eres un ejemplo de ello, mi querido diario. En ocasiones he dicho en voz alta que “voy a tirar la toalla”. Es más, me voy más lejos, tu creación estuvo rodeada de mucho miedo. Significaba transformaciones, movilización, novedad. Esas palabras me frisaban. Y Dios ha trabajado mi carácter temeroso con pruebas que han sido claves para superar esas barreras mentales.

Sé lo que quiero, los métodos necesarios para conquistarlo, pero el camino comienza a rodearse de preguntas que llenan los espacios de dudas, cuando doy el primer paso para materializarlo. ¿La duda que me derrumba? Dudo de mí en todos los sentidos.

Yo entiendo que temamos al fracaso, diario. Aún así, saco fuerzas cuando comprendo que si permanecemos estáticos, nos estancaremos. Porque mientras estamos sin movimiento, el mundo continua girando. Y si no decidimos que haremos, los demás lo harán por nosotros.

Hay cambios que representan pequeños esfuerzos, otros grandes sacrificios. Lo primordial es que enfrentemos nuestros temores, sin importar el tamaño. Y mucho menos el tiempo que nos tome. Solo así podremos volar hacia eso que anhelamos.

¿Será fácil? Probablemente no. ¿Alguna garantía de que el plan funcionará? Ninguna. ¿Ese error puede costarnos? Bastante. ¿Y por qué vale la pena arriesgarse? Porque lo único constante en la vida es el cambio.

Podemos planificar todos nuestros días sobre la tierra, pero el rumbo que tomaremos solo lo conoce Dios. Podemos soñar con ser diseñadores de moda, decidir estudiar mercadotecnia y terminar haciendo un master en comunicación porque finalmente esa era tu pasión. Y después, para sorpresa tuya, reconcentrar otra pasión en tus raíces.

Hoy sabemos donde estamos, no necesariamente sepamos de mañana. Lo que si confieso es que, a pesar de mis miedos, lo que sea que ocurra no me agarrará sentada.Estoy trabajando en ello.

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