Las dos caras de una misma historia

Querido diario:

“Pero él me fue infiel”, me dijo ella. Obvio que cuando un ser querido te dice algo así, inmediatamente se activa tu sistema protector y comienzas a fabricar dentro de ti montones de rechazo hacia esa persona que “traicionó” a tu amiga. Pongo entre comillas traicionó, porque esa es la versión que conozco. ¿Pero tengo el otro lado de la historia?

He vivido duras experiencias sobre juzgar y ser juzgado y la mejor moraleja obtenida por esos golpes propios y ajenos, es que debemos tener ambas versiones. Debemos darle el chance al otro a explicar, como lo hicimos con esa amiga. Sé es difícil, porque el amor nos ciega. Aún así, hay que hacerlo.

En este ejemplo que uso diario, ¿y si esa persona conoció a ese alguien justo el día que terminó la relación con mi amiga y surgió de manera inmediata una química impresionante? O quizás no, quizás fue un sinvergüenza. Lo que pasa es que no lo sabes hasta escuchar ambas campanas.

Sea resultado A o resultado B, la dureza no debe ser una opción. Claro, lo que está mal, está mal. Lo que pasa es que usar palabras fuertes o castigar a quien se equivoca, puede producir efectos contrarios. Además de que, cuando comienzas a aplicar la rudeza con los otros, sin darte cuenta, vas endureciendo tu corazón.

Ahí si se complica el escenario. Porque pasamos a ser, en vez de motivadores, condenadores. Muchas veces hacia los demás, otras hacía nosotros mismos. Es otro círculo vicioso peligroso.

De ahí parto a que tenemos que aplicar la empatía en los demás. Pongo el ejemplo de la serie sobre la vida de Luis Miguel. A todos nos está pasando que, ahora que estamos conociendo más minuciosamente su historia, lo vemos con angustia. Decimos “ahora sé porqué él es así”. Ver que había detrás de ese carácter egocéntrico y prepotente, cambia la mirada hacía él.

Imagínate las almas que hemos conocido y anulado por su forma. ¡Muchas! Y sé que sus vidas llenas de traumas no es excusa para ser incorrectos o malas personas. Millares han pasado por el doble y han evolucionado, hasta permitir que lo bueno gane dentro de ellos.

Es solo que no quiere convertirme en ese alguien que cierra puertas, que juzga duramente, que carga pesado y que endurece su corazón por esa manera intransigente y poco misericordiosa de ver a los demás.

Todos hemos cometido errores, todos hemos sido perdonados. Todos hemos sido víctimas, todos decidimos como respondemos a ello. Todos estamos llamados a mirar más allá de las apariencias, todos hablaremos según lo que hay en nuestro corazón.

Es más querido diario, a partir de hoy cambiaré la frase de “somos el resultado de lo que vivimos”, por “somos el resultado de cómo elegimos reaccionar a eso que vivimos”. Porque siempre podremos elegir…siempre.

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