¡Quiero ser apreciada por los demás!

Querido diario:

“Debo sentirme apreciada”, le dije. Todos tenemos nuestras necesidades; la mía se centra en ese deseo. Ya con los años, he aprendido de donde viene, porque todo lo que somos tiene una raíz: nuestros padres.

La manera en la que amamos, como tomamos el abandono o como asimilamos el rechazo, parte de la manera en la que ellos reaccionaron hacia nosotros en nuestra niñez. Eso lo he aprendido en este proceso de crecimiento del que tanto te he hablado. Recuerdo llorar con ‘jipios’ al caer en dolores guardados, mientras vivía mi proceso en el taller “Proyecto de vida”, de mi querida Janis.

En nuestro subconsciente hay tanta información que nos define y que desconocemos. Cuando encontramos ese porqué, nos liberamos grandemente. Obvio, que queda de ti que haces con eso que aprendes.

En mi caso me he dedicado a enfrentar esas realidades, para así poder ser una mejor Lorenna. Y sé que fallo constantemente, aún así no me detengo. El punto es que “sentirme valorada” está en mi ADN ya. Mi tarea se ha centrado en fortalecer mi autoestima para no depender de ese “que bien lo estas haciendo” o el “gracias por tu esfuerzo”.

A pesar de ello, una parte de mí siempre lo pedirá.

Te hablo de esto querido diario, porque he sido testigo de muchas situaciones que me han llevado a darme cuenta de que hemos perdido esa capacidad de “ver al otro”. Como seres humanos que estamos cada vez más encerrados en nuestra burbuja, olvidamos empujar a otros con palabras afirmativas.

Demostramos nuestro egoísmo constantemente. En los trabajos valemos por horas de labor y no por el esfuerzo o empeño que ponemos en lograr los objetivos trazados.

En las relaciones suplimos nuestras necesidades y luego pensamos en lo que el otro requiere para poder tener eso que le falto de sus progenitores. Con los amigos, llamamos o buscamos su apoyo en medio de las crisis, sin darnos cuenta de que nos ausentamos para ellos en periodos de dificultades. Y así vamos sumando.

Me entristece ver como cada vez más, seres se sienten aislados. Me pregunto si esa desconexión entre nosotros tendrá que ver con la tasa de suicidio. También medito sobre como hacer para que el rumbo cambie. Conseguir el cambio poniendo cada quien su granito de arena.

Llegué a esta conclusión hace muchos años y estas semanas me permitieron reconfirmarlo. Con solo una palabra que sume, un abrazo que conforte, una sonrisa que alegre, una llamada que alivie, un mensaje que de esperanzas, un “te quiero” sincero… con cualquier acción que haga sentir a esa persona que cuenta, logro transformaciones.

Dejemos los móviles a un lado, nuestro estrés del día a día, nuestras ambiciones, y pongámosle atención a quienes nos rodean. Descubramos que los motiva, que alegra sus corazones, y construyámoslo.

Si cada quien hace eso por otro, sin darnos cuenta generaremos un círculo de bondad. Nuestro testimonio será la mejor herramienta. Yo me comprometo a hacerlo. Ojalá que quien te lea querido diario, también.

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