Cuando “tuve un mal día” pasa a ser una constante

Querido diario:

Todos vivimos días tristes, periodos donde la vida nos golpea más de lo acostumbrado y caemos en ese limbo. Ese instante donde nos faltan ganas para pararnos de la cama o energías para salir a la calle a enfrentar los retos.

Son pocas las veces que podemos darnos el lujo de estar cabizbajos, porque el mundo nos exige tanto, que no nos da tregua para ello. “¡No tengo tiempo para estar triste!”, le dije a mi amiga. Ella me proponía que fuera a mi casa a desconectarme de todo y conectarme con Dios.

Según ella, ese descanso del trajín me iba a llenar de las ganas que me faltaban. ¿Pero como le digo a mi jefe que “me quedo en mi casa”? ¿Cancelo todas las reuniones? ¿Dejo plantada a mi grupo?

Esa presión siempre me deja sin muchas opciones, por eso lo que hago es implorarle a Dios fuerzas para poder concluir el día y que el final sea feliz. Gracias a Él, logro salir adelante.

También sobrevivo al momento amargo porque mi situación emocional no responde a un trastorno mental. Para aquellos que caen dentro de este grupo, el tratamiento es muy distinto.

¿Y por qué te hablo de eso, sin ser depresiva o con condiciones similares? Porque, al igual que te hablé del matrimonio sin estar casada, puedo abordar mi preocupación por esta enfermedad que es tratada con ligereza, gracias a los testimonios que tengo a mi alrededor.

Lamentablemente vemos la depresión como “esa persona no tiene carácter” o “esa persona no es lo suficientemente fuerte”. Y si es cristiano, decimos que “esa persona está cargando una cruz por sus pecados” o “su Fe es débil”.

Sé que la mente es poderosa, y en algunos casos, con sesiones intensivas de terapias y buena comunión con el Señor, ese alguien logra salir adelante.

Ahora, ¿Y si, aún así, no puede pararse de la cama? He visto a mujeres admirables que inspiran por su fortaleza, no poder hacerlo. Me han dicho: Lore, no sé que es, pero no tengo ganas de absolutamente nada. Cuando me asusto es cuando comienzan a dudar sobre su motivo de existencia.

Eso querido diario, no es un mal día. Eso no se resuelve con poner tu canción favorita y cantarla a todo pulmón. O con comer ese dulce que te hace feliz. Tampoco con una intervención familiar. En muchas ocasiones, la parte clínica tiene que entrar, para poder conquistar ese equilibrio mental que esa persona necesita. Lo que siempre se requerirá, en un escenario u otro, es personas queridas dispuestas a ayudar.

Lo que me preocupa, a parte del tratamiento leve que se le da a estas víctimas de depresión, es el temor que sienten ellos por ser estigmatizados. He escuchado a una sola persona aceptar abiertamente que padece de depresión severa. Los otros se agregan al grupo de “estoy pasando por momentos difíciles”. Me voy más lejos, tratan de esconderlo sin crear una red de apoyo que le ayude a cursar esta carga que pesa tanto.

Y es solo cuando somos capaces de aceptar nuestras luchas, cuando hacemos lo mismo por la de los demás, cuando logramos la trasformación que se requiere. Solo cuando escuchamos más allá de las palabras.

Ahí pasamos al: acéptalo, enfréntalo, aprende y continua. ¿Lo más importante entonces? Hablarlo. Yo tengo a mi amiga. Y espero querido diario, que todos tengan alguien a quien recorrer, para enfrentan juntos el monstruo del día.

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