¡En camino a aprender a celebrarme!

Querido diario:

“Soy una súper mujer”, me dije a mi misma para hacer la prueba. Esa afirmación nació de mi nueva tarea de aprender a aplaudirme. Porque increíblemente nos enseñan a conseguir, a lograr metas, a ser duros con nosotros, pero a todos se les olvida educarnos para tener la facilidad de “celebrarnos”.

Y es tan elemental, pues al hacerlo, ese logro pasa de ser una meta profesional o monetaria, a ser crecimiento puro. Para mí, es gran reto. Soy de las que da tanto en el camino, que llega agotada. Y ese agotamiento hace que la conquista pase desapercibida.

Peor aún, me da tanto miedo o lograrlo o no lograrlo, que llego como ‘asutá’. Obvio que eso hace que mi grito de júbilo se limite a “hey”. Eso y nada es lo mismo.

En ocasiones creo que viene mucho con el chip de ser mujer. La sociedad nos presiona en todas las áreas, esperando de nosotras la perfección. Antes tenían que ser buenas madres y parejas idóneas. Ahora, a esto le sumamos ser sobresalientes en nuestras profesiones y tener vida social, entre otras cosas.

Son tantas las exigencias, que no hay manera de hacerlo todo como corresponde. Ahora que lo pienso, ni tiempo ni energía le queda a las damas para brindar por los puentes cruzados.

A eso le sumamos nuestro afán por ser mejores que los hombres. Sé que es el resultado de muchos años de limitaciones y dureza de parte de los caballeros; aún así siento que estamos viviendo la “revelación femenina” de una manera herrada.

Creo que no se trata de mostrar que somos mejores que ellos, se trata de que todos entendamos que debemos tener las mismas oportunidades. Y que eso nazca de un corazón que entiende el valor de ambos. Porque sin darnos cuenta, peleando por nuestros derechos, minimizamos el valor de los hombres.

Eso sería repetir la historia, inversamente: concebir que hay un ser superior a otro. Cuando la línea de emociones debe nacer de reconocer la valía de cada quien.

He analizado mucho mis razones, pues no puedo quedarme en la idea de que la sociedad es responsable de muchas de estas carencias. Debo asumir mi responsabilidad siempre, como te dije en las páginas anterior querido diario.

Cada quien tiene carencias diversas que le llevan a sabotearse en aspectos diferentes. Analizar es la manera de encontrar la respuesta. Llegué a una conclusión que me asombró y voy a compartirla en el taller “En busca de mi Poder” en Days to Shine para poder dar detalles más explícitamente. Además, me estoy desviando del tema. Lo que quiero contarte es lo que me cuesta elogiarme y como estoy dando pasos importantes para ello.

¿Qué cuáles? Entender que no lo hacía. Descubrir el porqué no lo hacía. Sanar esa herida. Y hacerlo. Puedo parecerte tonto, pero hoy primera vez dije en un grupo “estoy orgullosa de mí por haber aceptado el reto de madrugar y cumplir por 4 años y medio, sin fallar (quitando una vez que me topé con unos ‘coctailcitos’ en medio de un pique)”.

Lo dije en voz alta. Mi sonrisa salió sola. Ahí entendí que aprobarte no era ausencia de humildad, era presencia de amor propio. Así que, a partir de ahora, trabajaré en vivir los procesos distintos para no llegar agotada a la meta… pero más significativo aún, decirme a mi misma: Lorenna, lo lograste, felicidades.

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