¿Y si mejor nos reímos de todo?

Querido diario:

“¿Y el tuyo pa’ cuando?”, me puso mi querido Cavada en una foto que colgué en Instagram junto a mis sobrinos. Muchos desconocen que mi primera participación en el mundo de las noticias fue en su noticiario, cuando fui elegida para el segmento “Aplausos”. Creyó en mí desde el día uno y me dio la oportunidad de volver a la pantalla chica.

Hacía pocos meses que Cavada había tomado el control de la plataforma noticiosa del 11, así que ví crecer su proyecto de 1 a 10. ¡Era una máquina de trabajo! (lo sigue siendo).

Y cuando le dije que iba a hacer una pausa porque deseaba cursar un master en comunicación en España, me dijo inmediatamente “vete, ni lo pienses”. Otra cosa más para estar agradecida.

El punto es que, cuando me escribió eso, sabía que era otra de sus bromas, pues lo conozco. Como yo, tiene un buen sentido del humor (con su toque negro). Y por ser igual que él en ese aspecto, respondí con ‘otro fundazo’. Lo que menos iba a imaginar era que, al tomar mi celular en la noche, me iba a encontrar con una ola de mensajes referente a ese intercambio en mi post.

Lo vi en la noche porque ese día justo había decidido desconectarme toda la tarde; quería dedicarle tiempo de calidad a mis seres querido.

Pero déjame volver a mi tema, que me conozco. Yo pensé tantas cosas, porque no me gustaba ver como atacaban a mi amigo por ignorar la relación de ambos. Al final, apliqué la regla de “deja que el tiempo pase”, y le escribí a Cavada para evitar cualquier confusión que podía traer esto. Aunque sabía no era necesario porque me conoce, me gusta cuidar los sentimientos de mis seres queridos.

Eso me hizo pensar mucho sobre la hipersensibilidad que estamos mostrando los seres humanos. Por mucho tiempo llegué a sentir que había algo mal conmigo, porque suelo hacer muchas observaciones jocosas. Recuerdo que salió que “relaja demasiado” en la evaluación de mi primer trabajo.

Eso me llevó a pensar que mi deber era adoptar una personalidad lejos de esa jocosidad. Hasta que entendí que todo se trata de equilibrio. Que habrá con quienes no podré dejar libre esta parte de mí.

Querido diario, no estoy diciendo que todo el mundo debe ser como yo; la diversidad es lo que hace este planeta un lugar de crecimiento constante. ¿Pero por qué tenemos que tomarnos la vida tan en serio? ¿Por qué la formalidad? ¿Y si dejamos salir esa parte infantil y divertida?

Me encantaría que aprendiéramos a reírnos de nosotros mismos. Y que, desde un corazón lleno de buenas intenciones, podamos disfrutar de carcajadas por y con los demás.

No se trata de burlas, o de ser desagradables, se trata de asumir todo con ligereza. Buscar sanar cualquier herida, para poder abrir las puertas a esa informalidad. Mi familia lo ha puesto en práctica toda mi vida. Y pasé de verlo como un defecto, a entenderlo como una cualidad.

Sabremos cuando nace de un corazón sano, cuando el deseo es sacarnos una carcajada. Mientras sea así, que sea bienvenido.

Y nada, que quisiera que pudiéramos relajarnos. Ser más felices. ¡Soltar risas por cualquier motivo! Como lo hice yo cuando vi la pregunta de mi querido Cavada, pues conociéndolo estaba conciente de que su única intención era hacerme sonreír.

Leave a reply

Your email address will not be published.

Theme developed by TouchSize - Premium WordPress Themes and Websites