Mis grandes lecciones a través de mis pruebas

Querido diario:

“Es en medio de las pruebas, cuando más crecemos”. Desde que tengo uso de razón estoy oyendo esa frase. Y la vida se ha encargado de ayudarme a comprobar que es muy cierto. En las dificultades, nuestro corazón muestra su esencia y el carácter revela su grandeza.

Es cuando estamos molestos o tristes, cuando andamos en necesidad, cuando vivimos en soledad, que podemos descubrir de que estamos hechos.

Mira mi ejemplo. Hace unos años inicié mi proceso de búsqueda de propósito. Pero eso no se hubiese dado estando yo en un éxtasis de éxito. Era necesario sentirme perdida y hasta fracasada, para considerar la necesidad de hacer ese examen profundo.

Lo mismo me ha pasado con las relaciones personales, que es en turbulencias cuando puedo ver la verdad de mi corazón. Puede doler mucho lo que encontremos en ese caminar, porque derriba la opinión de “buenas personas” que tenemos sobre nosotros mismos.

Nos tropezamos con celos, con rencor, chismes, con envidia, complejos, miedos, apego, soberbia, culpa, pereza, ansiedad, entre otras tantas emociones negativas.

Y sí, podemos buscar la manera de convencernos por un tiempo a nosotros mismos que no somos así; hasta que llega otra persona a tu vida que te muestra esa realidad nueva vez.

Lo digo porque me ha pasado mucho, querido diario. Aunque ya entendí que la mejor manera de transformar esos sentimientos, es enfrentándolos. Ahora los hablo o pido ayuda para poder superarlos. Estoy aprendiendo.

Me ayudó el comprender que no soy perfecta, que soy perfectamente imperfecta. Y que cometer errores o tener sombras no me hace mala persona. Es lo que hago con ello, si alimento la conducta o la rechazo, lo que va a marcar la diferencia.

Es quizás esa visión lo que me ha permitido estar agradecida de las periodos de obstáculos. Pues ya los veo como episodios permitidos por Dios para trabajar mi carácter y hacer mi corazón mas semejante a Él.

Proceso en el que siempre tendré la posibilidad de elegir. Y esas decisiones que tome en esos momentos determinarán de que estoy hecha.

Muchos me escriben sobre mis “madrugones” por mi trabajo. Que cómo he podido. Pero es por ellos que soy más disciplinada y enfocada. Además de haber pulido mi espíritu de queja y pereza por no tener la vida que quisiera.

Otros me hablan de mi relación de pareja, sobre la cantidad de años que tenemos juntos. Sin embargo, ha sido este proceso largo lo que me ha llevado a controlar mi impulsividad, a ser más paciente y a confiar más en Dios.

Me voy más lejos. Y si caía en la presión de la sociedad y agilizaba el proceso, e iniciaba un matrimonio sin estar clara de quien soy y de mi propósito, ¿tendría en el presente la unión que anhelo?

“Todo obra para bien, para aquellos que aman al Señor”, dice la palabra. Cada capítulo de nuestras vidas se convierte en una gran enseñanza. Solo tenemos que estar en sintonía con Dios para aprender de ello. Para poder crecer y así, poder ser mejores cada día.

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